Crónicas del pájaro que da cuerda a mi mundo
Ser uno mismo

¿Cuantas veces hemos sido testigo de aquellas palabras? ¿Cuantos manuales de auto ayuda se han llenado los bolsillos con aquel discurso conocido? ¿Cuantas veces nos han exhortado a vivir el momento, a liberarnos de nuestras cadenas, a ser nosotros mismos? Suena sencillo. Suena reconfortante y esperanzador. En palabras del gran Oscar Wilde: Se tu mismo, todos los demás ya están ocupados”. Al parecer, la individualidad brilla entre tanta obscuridad. Me encantaría que alguien se siente con calma y me explique qué es ser uno mismo. A simple vista, cualquiera podría decirme “Pero, es muy claro. ¿Qué duda podes tener?”. Todas. Todas y aún más. Me rige por naturaleza, un gran signo de interrogación. Dudo. Pregunto. Cuestiono. Así soy yo. ¿Le doy muchas vueltas a un asunto? Sí. Absolutamente. Necesito llegar al fondo del océano. No me conformo con flotar en la superficie. Eso es fácil. Pero no va conmigo. Yo necesito sumergirme en las profundidades de mi propia complejidad.

Entonces: Ser uno mismo. Ser uno mismo. Ser uno mismo. Aquellas palabras resuenan con fuerza en las parades de mi habitación. Hacen eco. Me ensordecen. Me envuelven eternos interrogantes. Mis pequeñas neuronas se alborotan. Se ven inducidas a razonamientos categóricos. Se despiertan. Se ven obligadas a caminar por el mundo con el semblante de quien cae y se levanta. Pensar. Pensar. A veces me pregunto por qué no puedo dejar de pensar. Dicen que pensar es bueno, que es signo de vitalidad. Pero a veces me da la sensación que mi mente me empuja al borde del abismo. Como sea, pienso. Y me enriedo. Y mientras, soy yo misma.

¿Qué pasa cuando se es uno mismo? ¿Somos capaces de despojarnos de nuestros miedos más fieles, de nuestras inseguridades insolentes? ¿Somos capaces de quitarnos la máscara que cubre nuestro rostro y revelar nuestra verdadera identidad? ¿Existe tal cosa como la autenticidad? ¿No será que en algún punto nos mentimos a nosotros mismos? ¿No será que nos hemos convertido en expertos embelleciendo realidades?

Casualmente hace unos días cayó en mis manos un ensayo de un escritor italiano (Vito Mancuso) que aborda justamente este tema. Él plantea que la autenticidad encuentra su límite en el empleo del lenguaje. Es decir, el hombre (entendiendo al hombre como especie y no como género) mediante la herramienta de comunicación más básica le otorga autenticidad a los objetos y seres que lo rodean. Si alguien tiene frente a sus ojos un pote de helado, se espera que exprese verbalmente que lo que está viendo es en efecto, un pote de helado. Si el sujeto en cuestión afirma ver, por ejemplo una taza, entonces estaría quitándole el carácter de auténtico al pote de helado. Lo mismo sucede con las personas. Si yo como individuo, me miento a mi misma con el objeto de alejarme de la realidad que me aqueja, no hago más que sabotear mi propia autenticidad. Porque no logro expresar con palabras quien realmente soy. Porque de alguna manera, me anulo. Porque encuentro en el engaño una salida de emergencia. Pero ¿por qué habría yo de afirmar con soltura que soy una taza cuando en verdad soy un pote de helado? ¿Por qué en vez de aceptarme tal cual soy me lleno la boca de mentiras sobre mi misma? ¿Por qué me urge asfixiarme con imágenes que no se corresponden con la realidad? ¿Por qué nos cuesta tanto vernos a nosotros mismos?

Y volvemos al tema central: ¿Somos nosotros mismos? ¿Somos sinceros o sencillamente hipócritas? ¿Somos capaces de poner a prubea nuestra propia autenticidad?

¿Soy yo misma la que escribe, o es esta parte de mí que se miente y se exige?

Ay ay, esto de pensar y pensar se está volviendo difícil. Que alguien haga algo. Que alguien por favor me explique.

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  1. amordeporcelana posted this